Estela de Luz, monumento a la opacidad

Mal ubicado, feo y definitivamente sin nada que evoque en la mente del observador el Bicentenario de la Independencia, así es la Estela de Luz. Únicamente la curiosidad motiva a visitar el ‘monumento’ conmemorativo de los 200 años de nación, que deja mucho qué desear. Estando ahí uno sólo puede preguntarse: “¿Una suavicrema de casi mil millones de pesos?”, sí una suavicrema como han apodado los ciudadanos a la Estela de Luz por su parecido con la popular golosina.

Mientras escribo, busco en Google y me doy cuenta de que ya muchos escribieron sobre la “Estela de la Oscuridad”, pero no puedo ignorar este nuevo fraude a la nación. Llevo más de 25 años viendo tropelía tras tropelía, mientras nosotros, mexicanos imbéciles (alelados y débiles, de acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española), no nos quejamos.

Reflexionemos: durante semanas Joaquín López Dóriga dio seguimiento al proyecto, informó sobre los retrasos, las sanciones a funcionarios, los gastos extras, etc.; después, ¡zas!, nuestro  presidente –como si nada pasara– inaugura el monumental fraude; y días después un periódico difunde un estudio de El Colegio Mexicano de Ingenieros Civiles según el cual la Estela de Luz costó mucho más de lo previsto. “Chocolate por la noticia”, diría mi amigo argentino, expresión sudamericana para la revelación de un secreto a voces. Lo peor es que todo sigue como si nada pasara, ¿no somos unos imbéciles de verdad?

Si pensamos que no nos afecta, nos equivocamos. Cientos de burócratas se han quedado sin empleo porque “no hay presupuesto”; cientos de licitaciones no se llevaron a cabo por la misma causa, privando a las empresas de la posibilidad de trabajar lícitamente; cientos, si no es que miles, de programas de asistencia social también se cancelan por lo mismo. El gobierno desatiende tareas fundamentales por falta de presupuesto.

¡Qué son sólo unos cuantos cientos de milloncitos! No es sólo eso: hay que sumar lo que costará el mantenimiento, la operación y sobre todo, la energía eléctrica de nuestro nuevo hijo tarado de Avenida Reforma. ¿Cuántos empleos, bienes, necesidades y situaciones no se podrán atender por este robo cometido en contra de nuestro famélico país?

Hace algunos años yo pensaba que cambiar todo esto implicaba un reto, lo es; pero ahora se une la náusea de saber que las cosas no mejoran, que siguen robándose el dinero, que cientos de licitaciones (en las que he asistido a empresas de primer nivel) son adjudicadas a preferidos por cientos de millones de pesos más sin razón. Me es imposible creer que los desfachatados que hacen esto (tanto del sector público como del privado) no quieran mínimamente a su país, y lo roben día a día.

Por eso yo los invito a que cada vez que pasen por la Estela de Luz toquen el claxon cinco veces como signo de protesta. A ver si así los desfachatados se dan cuenta de que los mexicanos no somos imbéciles y que sabemos quejarnos en paz de las tropelías de las que somos sujetos.

Fuente: Obras

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